
ALEGRÍA EN LA INFANCIA
¡Qué luz, qué plenitud!
Cuando sentimos alegría nuestro cuerpo se relaja y se ensancha. Se abre el corazón. Sonreímos y somos capaces de mirar a los ojos de las personas con dulzura e inocencia. Reímos, nos sentimos agradecidos, nada nos preocupa. Está considerada como la emoción positiva, pero al igual que la ira, la tristeza y el miedo, no es ni positiva ni negativa: es energía que quiere fluir y ser sentida.
La anhelamos cuando no la sentimos y paradójicamente la expresamos muy poco en los momentos que la sentimos. La buscamos constantemente sin darnos cuenta de que siempre está aquí y ahora.
En este caso los niños y niñas se convierten en nuestros maestros*maestras porque ellos*ellas ni la desean ni la buscan, sino que la encuentran y la sienten.
El mensaje que nos dan es muy claro: La alegría no necesita razones. No necesita que haga sol, ni que la habitación esté ordenada, ni que me hayan dado un premio, ni que me porte bien. Vive en mí y quiere ser irradiada.
¿Te has preguntado alguna vez cómo puedes potenciar esta emoción en la infancia? ¿Conoces tu propia alegría? Te presento una de las mayores responsabilidades del ser humano: estar contento*contenta.
"Si me río, no puedo pensar"
Alice (9 años)